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Seres extraordinarios: Albert Báez, del microscópio al infinito

Vamos a aplazar brevemente la serie de hackers que estamos desarrollando, para dar un giro completamente distinto.

Hasta ahora, hemos contado la historia de personas que han obtenido su fama por la capacidad de desarrollar técnicas (más o menos éticas) para acceder a sistemas, obtener funcionalidades y expandir sus posibilidades hasta extremos que no se habían considerado antes.

Hoy, hablaremos de un auténtico genio al que muchas personas le deben la vida: Albert Vinicio Báez.

Este Mexicano vino al mundo en Puebla en 1912. Si embargo, aún siendo muy niño su familia se trasladó a Texas donde su padre, Pastor Metodista, vió la oportunidad de ampliar su ministerio. No permaneció mucho tiempo aqui ya que nuevamente se mudaron al otro extremo del pais, al mítico barrio de Brooklyn en Nueva York, donde el joven Albert creció y estudiaba con miras a convertirse en Pastor, como su padre.

Sin embargo, la ciencia le apasionaba. En una ciudad donde difícilmente se consiguen ver las estrellas, Albert Báez se matriculó en la Universidad de Syracuse en 1933, donde se graduó en 1935 en Física.

En esa época conoció a Joan Chandos Bridge, una joven nacida en Edimburgo e hija de un Ministro Episcopaliano.

Para cambiar más las cosas… se hicieron Cuáqueros, y se trasladaron a California con sus hijas Pauline, Joan y Mimi, donde consiguió su Doctorado en Física en 1948.

Tódo le sonreía al Doctor Báez, pero había algo que no dejaba de rondar por su cabeza: los Rayos X

Y es que desde que Wilhelm Conrad Röntgen los descubrió en 1895, había un problema difícil de resolver: enfocarlos.

No podían tratarse como una luz cualquiera (que no lo es), y eso resultaba un problema: los haces de rayos eran, por decirlo de alguna forma, difusos, y eso impedía enfocarlos con precisión sobre cualquier objeto para lograr una imagen detallada del mismo.

En ese mismo año, junto con el profesor Paul Kirkpatrick, logró desarrollar el primer microscópio de Rayos X. ¡Por fin podían analizar células vivas con una precisión nunca vista!

Con la llegada de la Guerra Fría en 1950, su trabajo no pasó desapercibido para los estamentos militares y el Doctor Báez recibía ofertas y presiones constantes para abandonar su labor académica y desarrollar armamento avanzado. Sin embargo, Albert Báez era ante todo un hombre de principios.

Rechazó, a pesar de las generosas ofertas, trabajar en esa industria y se mantuvo firme dedicado a la enseñanza e investigación como catedrático en la Universidad de Redlands, y trasladándose a Bagdag en 1951 a través de una oferta de la  Unesco para crear un nuevo departamento de física en la Universidad de Bagdad.

De regreso a Estados Unidos en 1959,  fue invitado a ingresar en el MIT y se le presentó un nuevo reto por parte del Smithsonian Astrophysical Observatory: necesitaban un telescopio, pero no uno cualquiera. Querían uno capáz de ver los rayos X.

El problema era de notables dimensiones: las observaciones en rayos X deben hacerse desde el espacio, puesto que esta radiación no puede penetrar la atmósfera terrestre, y aunque las primeras observaciones de rayos X del Sol se obtuvieron con sondas y detectores rudimentarios en 1948, se necesitaba algo más.

Aquí, el Doctor Baez diseñó un experimento, con un grupo de ópticas totalmente revolucionario en su concepción, para probar varios detectores de rayos X estudiando la fluorescencia de rayos X solares en la Luna. El MIT instaló su instrumental en un pequeño cohete que sólo podía permanecer unos minutos fuera de la atmósfera y, aunque el experimento tuvo éxito… no detectaron  rayos X en la Luna.

En cambio, asombrados, comprobaron  que había  un flujo descomunal de rayos X provenientes del centro de galaxia. Los primeros cálculos arrojaban unos resultados increibles: eran 1000 veces más potentes que la del Sol.

En unos cuantos años, sin embargo, se detectaron una docena de fuentes discretas (localizadas) como potentes emisoras de rayos X, de las cuales la primera identificada con un objeto conocido, fue la de la Nebulosa del Cangrejo‘, un remanente gaseoso del estallido de una estrella Supernova en el año 1054, con una estrella de neutrones (pulsar) cerca del centro.

No fue, sin embargo, hasta que se desarrolló la era espacial, y con ella el lanzamiento de satélites astronómicos, que floreció plenamente esta nueva rama de la astrofísica.

En 1970, la Agencia Nacional para el Espacio Norteamericana, NASA, lanzó su primer satélite de rayos X desde Kenya, el célebre UHURU (palabra zwahili que significa “libertad”). Este satélite se hizo famoso por detectar las primeras estrellas binarias de rayos X en nuestra galaxia y, entre ellas, la primera fuente en la Constelación del Cisne: Cygnus X-1, donde se descubrió el primer agujero negro producido por el colapso gravitacional de una estrella.

El UHURU funcionó durante siete años, al cabo de los cuales se habían descubierto más de 150 fuentes de rayos X, de las cuales cerca de cien resultaron estar en nuestra galaxia (principalmente estrellas y cúmulos globulares). Las otras estaban distribuidas al azar en el cielo y poco a poco se fueron identificando con cúmulos de galaxias y cuasares. Sin embargo, el descubrimiento más inesperado del UHURU fue el de una emisión difusa de rayos X, proveniente de todo el cielo. Este descubrimiento se hizo al apuntar los detectores a bordo del satélite en dirección de la Luna; siempre que esto se hacía, el número de cuentas disminuía drásticamente (lo que implicaba que la Luna bloqueaba el flujo de rayos X), pero resulta que esto sucedía en cualquier posición en que estuviese la Luna respecto de las estrellas de fondo, de manera que se dedujo, correctamente, que ese flujo de rayos X proviene de…¡todo el Universo! Ahora esto se conoce como el “fondo de rayos X”


Cygnus X-1

Pero retomemos la historia del Doctor Báez.

Lejos de estudios sobre el Universo, y de forma mucho más cercana, existía otro problema igualmente preocupante: el tratamiento del cáncer.

Una de las formas de curación para eliminar los tumores, es la Radioterapia; se lleva practicando desde hace más de un siglo, pero con resultados poco satisfactorios hasta los descubrimientos Albert Báez.

El primer informe de una curación a través de radioterapia data de 1899, poco después del descubrimiento de los rayos X. Sin embargo presentaba un problema importante: la penetración de la radiación y su enfoque en los tejidos cancerosos del paciente.

La “dispersión” de la radiación en una zona más ámplia de la requerida para atacar el mal, junto con la poca intensidad recibida por tumores profundos tenían consecuencias poco deseables para los pacientes.

Aplicando los desarrollos de Báez en los intrumentos de medida, se logró uno de los avances más importantes en el tratamiento de la efermedad: la Teleterapia, en que la fuente de irradiación está a cierta distancia del paciente. En este tipo de tratamiento, que es el más común, los pacientes acuden diariamente de forma ambulatoria por un período variable, dependiendo de la enfermedad que se esté tratando. Actualmente, la radiación puede ser de rayos gamma, rayos X, electrones, protones o núcleos atómicos.

Al jubilarse, el Doctor Báez decidió promover la mejora en la calidad de vida de los países en vías de desarrollo, dedicándose específicamente a México y dirigiendo la ONG Vivamos Mejor mediante la cual se realizaban acciones para el desarrollo científico de América Latina. En 2004 se retiró a su casa de Redwood City.

Albert Báez falleció por causas naturales el 20 de marzo de 2007.

Entre los reconocimientos por su humanismo y gran labor, figuran los de su hija Joan en su libro autobiográfico And a voice to sing with:

Nunca tuvimos las cosas bonitas e inútiles que todas las niñas quieren. Pero en su lugar tuvimos un padre con la conciencia limpia: la decencia fue su legado para nosotras.


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1 Response to " Seres extraordinarios: Albert Báez, del microscópio al infinito "

  1. Ester dice:

    Gran contenido. Realmente has incluido sugerencias muy útiles aquí. RSSGoogle Reader..

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