Hackers históricos: John Draper “Captain Crunch”

450px-JohnDraprBNK-150x150Ante todo, hay que aclarar que me refiero al hacker como aquella persona que busca el conocimiento, no al uso que le dan determinadas “personas” equiparándolo con “delincuente”.

Hace algún tiempo, antes de que Internet fuera el medio de comunicación en que se ha convertido hoy, los hackers investigaban en campos de lo más diverso;  y es que hackers siempre hubo, hay y habrá.

Desde el primer ser que en el Paleolítico descubrió que haciendo agujeros a un hueso y soplando por uno de los extremos obtenía distintos sonidos según cuantos tapara, pasando por Gutemberg con su modificación a la imprenta tradicional para introducir los tipos móviles, o Percy Spencer que al probar un tubo de vació se dió cuenta que una chocolatina que tenía en el bolsillo se había derretido… y creó el primer microondas.En los 70 también había hackers, y la mayoría de ellos se interesaban por la tecnología de comunicaciones más popular: el teléfono. Uno de ellos era John Draper, y su experimento hizo perder el sueño a más de un ingeniero de la poderosa AT&T .

Pongámonos primero en antecedentes: EEUU, un país donde la movilidad de las personas es enorme, y es muy fácil tener amigos que cambian no sólo de ciudad, sino de Estado. Obviamente, aparte del correo ordinario, la opción para mantener el contacto con ellos es el teléfono (no olvidemos que estamos en los 70) Allí si bien la mayoría, por no decir todas, las compañías telefónicas ofertan las llamadas locales a coste cero, con las conferencias no ocurre lo mismo, y obviamente se facturan; y no precisamente barato.

captain-crunch-150x150Un día de 1970, Draper estaba comiendo unos cereales Captain Crunch, bastante populares por aquellas tierras, y dándole vueltas a la cabeza sobre cómo funcionaban las centralitas telefónicas.

La parte que más le intrigaba era el saber cómo un aparato como este distinguía entre un teléfono y otra centralita que colgase de ella. Conocía que los teléfonos estaba conectados a las centralitas y que al recibir una llamada, si el número era de la misma centralita se conectaba automáticamente; en otro caso, esta le pasaba la llamada a aquella que tuviera el número marcado. Se sirvió otro tazón de cereales, y en ese momento apareció el regalo que venía en la caja: un sencillo silbato.

capn_crunch_whistle-300x119Terminó sus cereales, y mientras jugueteaba con el regalo descolgó el teléfono para hacer una llamada. En ese momento, sin querer, sopló, el silbato sonó… y escuchó otro silbido en el auricular.

Sorprendido, colgó sin hacer la llamada mientras observaba el silbato. ¿Sería posible que algo tan simple y barato como para regalarse con unos cereales fuera la solución al problema? Descolgó nuevamente el teléfono, sopló con decisión, y de nuevo recibió un tono de respuesta. Marcó el número, y tras una breve conversación con su interlocutor colgó.

Rápidamente, decidió hacer una prueba: comprobar cual había sido el último número marcado. Descolgó el auricular y marcó el código que permitía repetir la última llamada. Cuando descolgaron… era el número marcado antes de usar el silbato.

Tras una breve conversación, se sentó a meditar lo que había ocurrido. El silbato había mandado un tono por el teléfono que le indicó a la centralita el mensaje “Hola, soy otra centralita. Pásame la llamada” en lugar de “Soy el cliente X. Ponme con el número Y”. Pero había algo más.

No sólo le había indicado a la centralita que él era otra igual, si no que el control del cargo de la llamada se había transferido a su inexistente centralita (en realidad, a su teléfono). Por tanto, la llamada no se le cobraría… porque no hay registro de ella.

Investigando otras opciones, descubrió además que el sonido enviado no es que sólo le permitía engañar a la centralita, sino que en realidad la colocaba en modo de Operador y podía controlarla a su antojo.

Blue_Box_in_museum-150x150Animado por esto, Draper creó la primera BlueBox y compartió su diseño con alguno de sus amigos, e incluso se publicó un artículo al respecto en la revista Esquire escrito por Ron Rosenbaum, a partir del cual muchos hackers desarrollaron y evolucionaron el sistema; entre ellos Steve Jobs y Steve Wozniak. Wozniak llegó incluso a llamar al Vaticano imitando la voz de Henry Kissinger , en aquellos tiempos Secretario de Estado de Richard Nixon, solicitando hablar con el Papa. No lo consiguió por que Su Santidad estaba durmiendo: cosas de las franjas horarias y los eficientes funcionarios del Vaticano :D

Pero todo no sería tan fácil. En 1972 sería arrestado por fraude a la compañías telefónicas, y pasó una buena temporada en la cárcel.

Al salir de ella, Jobs y Wozniak le llamaron para que trabajara con ellos en la empresa que habían fundado (Apple), y desarrollase el primer módem para el entonces novísimo y popular Apple II.

Micromodem_II_in_Apple_II

Lamentáblemente, el modem para el Apple II no se comercializó nunca (en modelos posteriores si, pero era otro diseño), ya que Draper fue detenido de nuevo en 1977.

No obstante, no perdió el tiempo. En prisión, mientras cumplía su condena en la prisión de Alameda, Draper desarrolló una versión de Forth con la cual creó EasyWriter, el primer procesador de textos que existió para las Apple II. Depués de esto, vino un periodo oscuro en la vida de Draper. Sin hogar, sin trabajo y completamente arruinado vivió una buena temporada en un autobús con su amigo Dave Bengel (hablaremos de él en otra ocasión) y desapareció por el sudeste asiático, posiblemente en Corea.

Afortunadamente, encontró trabajo en la compañía En2go y consiguió rehacer su vida, pero la crisis también arremetió contra ellos. Sus acciones han caido por debajo de los 0’20$ y los movimientos en la cúpula directiva, con cambios constantes, no hacen presagiar nada bueno. Sigue trabajando como consultor externo en materia de seguridad y, como no, en Voz sobre IP a sus 67 años.

Si tenéis curiosidad por saber algo más:

Web de John Draper

MySpace de John Draper